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Un dia en la vida del gordo

To Beef or not to beef!

La decisión

2¿Pago el boleto y viajo tranquilo o me colo en el tren y vivo al borde del peligro? ¿Soy sincero y le aviso a mi jefe que me equivoqué o me encomiendo a todos los santos y espero a que nadie se entere? ¿Almuerzo un menú ejecutivo y soy un poco más pobre o como un pancho y me arriesgo a trabajar desde el baño?
La vida nos exige que constantemente tomemos decisiones importantes que pueden cambiar el curso de nuestra vida. Decisiones que afectarán nuestro futuro a un punto impensado. La teoría del caos en su máxima expresión en cada una de nuestras elecciones más ínfimas.
Como en “El efecto mariposa”, digamos, pero con menos traumas psicológicos, efectos especiales y universidades yanquis.

El tema que traigo a este número es mi disyuntiva de los fines de semana (se nota que escribí esto un sábado a la tarde): ¿tirarme panza arriba en la cama a ver pelis, matando lentamente a mi descendencia con la compu sobre el regazo.. o salir a reventar (mi hígado) la noche? 
Si me quedo en casa todo el fin de semana, siento que perdí la posibilidad de ser brutalmente rechazado por una señorita en algún bar; cosa que no me molesta tanto si el nivel de alcohol es el adecuado. Y si salgo, siento que no hice lo único que no puedo hacer durante la semana, además de faltar al trabajo: descansar.

¿Qué hacer?

Si están pensando: “¿y por qué no salís un poco y descansas un poco?” mi respuesta sería “porque tampoco quiero hacer algo que me obligan a hacer durante toda la semana: Pensar”.

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Poema: Todo cambia pero no tanto!

La ciudad cambia, devuelve favores

y a veces traiciona.

El boliche donde nos conocimos

ahora es un salón de fiestas.

A nuestro bar lo convirtieron

en lavautos,

y el Atlas donde vimos Adiós a Las Vegas

derivó en Rodó Hermanos.

Pero lo que me lastima es el bondi:

sigue frenando ahí,

justo dónde me decías

“Llamame cuando llegás”.

Aviso clasificado: Busco mujer (ideal)

39082_1506772022638_1034411904_1441517_6186334_nEl exceso de fracasos amorosos me dio el efecto contrario, y en lugar de ponerme en una posición de reviente, de tener en mente darle murra hasta a las columnas, me dio por hacerme el exquisito y selectivo, y ponerme a descartar pibas por motivos insólitos, incluso por ese par de zapatillas horribles que se te ocurrió ponerte en nuestra primer cita.
Ahora ando en esa de preferir elegir hasta el cansancio, antes de ponerme de una a repartir el celular a cualquiera. Cuando apunte, va a ser a una flor de mujer, las pumas de bengala son para viejos gateros, yo estoy para algo más o menos como la gente. No te digo un reeee mujer, pero por lo menos una que con un poco de garre logre zafar, y no una que tenga que dibujar hasta mis ganas de verla. Un “peor es nada” ya no me conforma, apelo a un “peor es poco” y por eso levanté el target.
Porque perder tiempo, sigo así, solari, que tan mal no la paso. Ya aprendí a convivir conmigo mismo y me llevo bárbaro.
Miro a las pendejas con ganas pero me da cosita entrarles, se que después se me va a complicar sacármelos de encima. Miro a los viejitas con respeto, pero también me da cosita, no se si estoy preparado para ver corretear a mas niños en las cenas de los sábados.
Así, estoy en esa edad intermedia entre querer suicidarme, comprarme un felino o ser el gato viejo del boliche. Y ninguna de las tres me convence. Suicidarme no, porque no creo en la vida despúes de la muerte y no soy una estrella de rock como para morir joven. La de la mascota podría ser, pero de seguro de daría paja limpiar cuando el animal “vaya al baño” y caería directo en la mugre y pre villa. Y la de plantarme en la barra de un boliche de día de semana con un whisky es buena, es buenísima diría, pero he perdido el training y al día siguiente no puedo ir a laburar ni aunque me prometan aumento de sueldo por inflación.
Por eso la sigo piloteando como puedo. Esperando una mujer ideal que combine la facha de Uma Thurman con el cerebro de mi mejor amigo. Es pretencioso, lo se. Pero para que vueltear con pavadas y citas en vano, si ya se lo que quiero, tengo reseñado a mi ideal, solamente falta que aparezca.

 

Feliz cumpleaños Pablo: Los 15 hechos sobre una fiesta de cumpleaños

Pablo cumple
¡Soplá la vela!

01 – Si le decís a un amigo que no hacen casi nada de bardo en la puerta, pero que por favor no lleve zapatillas villeras porque no lo van a dejar entrar… y el pibe cae con unas zapas plateadas, llenas de resortes y cuando el de la puerta lo frena le responde al grito de “estas zapatillas valen más que la ropa que tenés puesta, gil”, tu amigo es un boludo.

02 – Los “jefes de Relaciones Publicas” (¿es un cargo de verdad? ¡No me jodan!) de los boliches son estúpidos. Sugerir que mi amigo se vaya hasta San Martin a cambiarse las zapatillas y volver, es estúpido. Y que cuando uno le aclara que San Martín es muy lejos decir que si hace eso, como muestra de buena onda, a la vuelta le van a regalar un trago, es lo más estúpido que escuché en toda la noche.
(Y eso que escuché muchas estupideces).

03 – Los guardias de seguridad, trabajen donde trabajen, son represores frustrados.
Eso o están tan hartos de su laburo que se divierten haciendo demostraciones de poder que nadie les solicitó.

04 – El tequila es feo, pero genera amistades, compañerismo, risas y mareos galopantes.

05 – Si le das alcohol gratis a un montón de gente que no se conoce, pueden pasar dos cosas: O se matan a golpes o se hacen todos amigos.
(por suerte pasó la segunda).

06 – Una botella de agua mineral a tiempo te puede salvar de la peor de las vomitadas.

07 – El alcohol te puede llenar de valor, pero jamás voy a ser lo suficientemente intrépido como para cantar en un karaoke.

08 – La gente que más aclara que va a ir a una fiesta, es la que siempre termina faltando.

09 – Y si durante la semana te dijeron “voy a intentar pasar un ratito, pero lo veo difícil”, esperá un mensaje en tu celular el sábado a la tarde con un “perdoná, pero se me hace imposible. Pasala joya”.

10 – Uno jamás se va a grabar el disco. Y menos va a aprender el pasito… pero en una fiesta saltará como desaforado ritmos de lo más extraños y detestables.

11 – Los del VIP son todos putos.

12 – Por más que seas una persona retraída y fría, después de la quinta cerveza les vas a agradecer a todos por haber venido hasta que los canses.

13 – Si alguien se va antes de las 6 de la mañana lo miras con tristeza mientras lo saludas, como si se fuese a Irak en vez de a su casa.

14 – Que un amigo tuyo haya ido con auto, no haya tomado en toda la noche para poder manejar sin problemas y después te lleve de vuelta sano y salvo a tu casa, hace que lo quieras mucho más.

15 – Al día siguiente, por más que para almorzar te pongan el plato más rico enfrente tuyo, la resaca te va a impedir disfrutarlo.

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Colecovisión y yo!

colecovisionSalió en el año 1982, distribuida por Coleco y una de sus grandes virtudes fue el gran nivel de sus juegos, muy parecidos a las recreativas del momento. Otra gran acierto fue el módulo de expansión, donde, mediante un adaptador, podías jugar a todos los juegos de Atari 2600, por lo que el abanico de títulos era grandísimo y, además, podías conectar un volante, algo casi impensable en aquella época…

Su gran rival fue la Atari 5200. Bajo mi opinión Colecovisión, fue sin duda la gran triunfadora de esta batalla, tanto por sus grandes juegos como por sus periféricos.

La consola funcionaba con cartuchos y se conectaba, como no, al televisor por el cable de antena. Venía con dos mandos que se guardaban cómodamente en la máquina. Los mandos estaban formados por una ruleta que era el joystick, dos botones laterales y doce teclas numéricas que podías configurar en algunos juegos.

Ésta fue mi primera consola doméstica, por lo que se conviertió en mi preferida, fue un gran regalo de mis padres… Gracias a ella he disfrutado de horas y horas de diversión junto con mi hermano.

Tenía varios grandes juegos como el ‘Space Panic’, que consistía en hacer agujeros para atrapar a los marcianos que te perseguían por distintos niveles y cuando caían, tapabas el agujero y así podías eliminarlos. Otro grande era ‘Donkey Kong Junior’, poco que decir sobre este juegazo, el nivel visual y jugable era impresionante. Otro fue el ‘Mousestramp’, un comecocos en el que podías cerrar y abrir puertas (me hace mucha gracia recordar este juego porque por aquel entonces que no existía el pause, te podías encerrar sin que te pudiesen agarrar, así que podías tomarte un descanso). Pero el que más me gustó, me imagino que por los dibujos que tanto me fascinaban, fue ‘Pitufo’; un plataformas bestial, con unos gráficos inimaginables para la época y que consistía en pasar niveles para liberar a pitufina, una vez terminado volvía a empezar añadiendo un poco más de dificultad y así sucesivamente.

Esta consola estuvo algo más de dos años en el mercado y después desapareció debido a la crisis de las consolas, de hecho, intenté buscar juegos para ella al poco tiempo y nunca pude encontrarlos.

Siempre la recordaré con mucho cariño y agradezco el haberla tenido, ya que fue una de las consolas más potentes de la época, el problema fue que no conocía a nadie que la tuviese para intercambiar cartuchos, una pena.

“La vida es como Flavia Palmiero… linda y puta”.

Piropos: "Llenas de color mi vida, alumbras mi despertar, te quiero más cada día y no te pienso olvidar."
Piropos: “Llenas de color mi vida, alumbras mi despertar, te quiero más cada día y no te pienso olvidar.”

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Movete, gordito, movete…

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Una pequeña confesión catártica 

Todo desearíamos saber hacer algo que no nos sale.
No importa cuanto lo intentemos. No importa cuanto nos digan lo fácil que es. No sale y punto.

En mi caso, esa habilidad negada por Dios (o por mis piernas), es bailar.
(ni siquiera me refiero a bailar bien. Hablo de bailar aceptablemente al menos).

Tampoco digo que sea lo único que no se hacer. Tampoco sé dibujar, y si volvemos al tema de las piernas, no soy un eximio jugador de fútbol (y además soy propenso a las lesiones de rodilla).

Pero el tema del baile es completamente diferente. Es algo que funciona a otro nivel.

Veo “Fiebre de sábado por la noche” y me da bronca. Detesto a John Travolta, a Dick Van Dyke y a Michael Jackson. Aparte de ser millonarios y famosos, saben bailar. Está bien, Travolta está gordo y reventado, Dick Van Dyke a punto de morirse y Michael Jackson con la cara cayéndose a pedazos y tapado de juicios… pero ¡saben bailar, carajo!

Hace unos años, en un casamiento, una odalisca se acercó a la mesa y me sacó a bailar mientras todos los presentes aplaudían. “¿Qué tan difícil puede ser bailar arabe?”, pensé. Me imaginé que moviendo un poco la panza y los brazos era suficiente.
Estaba equivocado.
Apenas me vio moverme, la odalisca ocultó una carcajada y se fue a bailar con el abuelo del novio. Mientras me sentaba avergonzado, el nono hacía las delicias de la concurrencia, recibía las felicitaciones de la bailarina, los besos de las amigas de la novia y cosechaba teléfonos de gerontas sedientas de masajes en los pies.

Voy a los boliches y me amargo. No tengo facha como para levantar acodado en la barra, ni chamullo como para ganarme a alguien hablando de la vida. Y la única arma que queda en los boliches no la sé usar. Ninguna chica admiraría a un pibe que baila como si tuviese los cordones atados entre si, los brazos entablillados y que parece que está escuchando una canción completamente diferente a la que suena por como se mueve a destiempo.

Finalmente intenté con la autoayuda, pero tampoco funcionó. Frases del estilo de “baila como si nadie te estuviese viendo” no funcionan si uno ve que los demás sí están mirándolo y encima están riéndose.

Si te gusta el durazno, bancate la pelusa!

539658_4687088847883_352261075_nViernes, reunión de amigos. Cada vez que hay alcohol de por medio pueden pasarme dos cosas: o (me creo que) soy el alma de la fiesta o me pongo reflexivo (y llorón).

La semana pasada mi pregunta fue la misma que me hago acá casi todos los dias “¿Por qué nadie me da bola?”

Entre las jodas de mis amigos sobre mi dudosa heterosexualidad, una de las chicas dijo una infame frase que no es la primera vez que escucho.

“Tu problema es que sos justo lo que las chicas quieren”

Luego de unos minutos de silencio en los que no sabía si reírmele en la cara, ponerme a llorar, pegarle una piña, intentar darle un beso o contarle (con los dedos de la mano de un carnicero imprudente) las conquistas femeninas en mi haber, me enteré que con eso quiso decir que soy un pibe que no da repulsión mirar, bueno y atento y que, llegado el caso, no teme a comprometerse con una relación. En teoría, eso asusta un poco a las chicas.

¡Pensé que eso es justamente lo que querían!

Es como que yo a una chica le diga:

– Tu problema es que sonreís y hacés que todas las chicas que conocí parezcan pequineses durmiendo la siesta.
– Tu problema es que me imagino con vos, viendo una película estúpida, tirado en el sillón, en un día de lluvia.
– Tu problema es que me haces reír demasiado.
– Tu problema es que sos fiel, inteligente y cariñosa.
– Tu problema es que usas poco maquillaje y las zapatillas te quedan mejor que los tacos.
– Tu problema es que tenés las tetas tirando a grandes, paradas y me entran casi perfectamente en las manos aunque sobresale un poquitito por todos lados.
– Tu problema es que sos la única chica que considera el punto anterior divertido y no ofensivo ni demasiado detallado.
– Tu problema es que pensás que soy interesante.
– Tu problema es que aguantás mis boludeces y te gustan las mismas bandas pedorras, programas de televisión incomprensibles y libros raros que a mi.

Supongo que mi amiga parte de razón tiene. Si conociese a una chica así, tampoco pasaría nada entre nosotros.
Más que nada porque no me animaría ni a hablarle. Muy probablemente solo balbucearía incoherencias y ella (porque es súper buena) se transformaría en mi (puaj) amiga y me cuidaría pensando que tengo algún tipo de retraso, como si estuviésemos en la película romántica más cliché del mundo, pero sin que ella se de cuenta que me ama al final.

THE WANDERER JOHNNY CASH

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