gordo.jpgMis viejos amigos del secundario me engañaron. Ninguno de ellos se hizo guitarrista, actor porno, rey de la noche, yonqui, cineasta o titiritero. No, ellos optaron por ser ejecutivos de cuenta, directores suplentes de empresas familiares, importadores de perfumes baratos o publicistas aspirantes al Clío.

Mis amigos del secundario me estafaron: sacaron número de CUIT, abrieron cuentas bancarias, formaron familias, crearon PYMES, compraron casas en barrios cerrados y, en lugar de prestarme los departamentos de soltero que ya no usaban, pretendieron cobrarme alquiler.

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