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Una pequeña confesión catártica 

Todo desearíamos saber hacer algo que no nos sale.
No importa cuanto lo intentemos. No importa cuanto nos digan lo fácil que es. No sale y punto.

En mi caso, esa habilidad negada por Dios (o por mis piernas), es bailar.
(ni siquiera me refiero a bailar bien. Hablo de bailar aceptablemente al menos).

Tampoco digo que sea lo único que no se hacer. Tampoco sé dibujar, y si volvemos al tema de las piernas, no soy un eximio jugador de fútbol (y además soy propenso a las lesiones de rodilla).

Pero el tema del baile es completamente diferente. Es algo que funciona a otro nivel.

Veo “Fiebre de sábado por la noche” y me da bronca. Detesto a John Travolta, a Dick Van Dyke y a Michael Jackson. Aparte de ser millonarios y famosos, saben bailar. Está bien, Travolta está gordo y reventado, Dick Van Dyke a punto de morirse y Michael Jackson con la cara cayéndose a pedazos y tapado de juicios… pero ¡saben bailar, carajo!

Hace unos años, en un casamiento, una odalisca se acercó a la mesa y me sacó a bailar mientras todos los presentes aplaudían. “¿Qué tan difícil puede ser bailar arabe?”, pensé. Me imaginé que moviendo un poco la panza y los brazos era suficiente.
Estaba equivocado.
Apenas me vio moverme, la odalisca ocultó una carcajada y se fue a bailar con el abuelo del novio. Mientras me sentaba avergonzado, el nono hacía las delicias de la concurrencia, recibía las felicitaciones de la bailarina, los besos de las amigas de la novia y cosechaba teléfonos de gerontas sedientas de masajes en los pies.

Voy a los boliches y me amargo. No tengo facha como para levantar acodado en la barra, ni chamullo como para ganarme a alguien hablando de la vida. Y la única arma que queda en los boliches no la sé usar. Ninguna chica admiraría a un pibe que baila como si tuviese los cordones atados entre si, los brazos entablillados y que parece que está escuchando una canción completamente diferente a la que suena por como se mueve a destiempo.

Finalmente intenté con la autoayuda, pero tampoco funcionó. Frases del estilo de “baila como si nadie te estuviese viendo” no funcionan si uno ve que los demás sí están mirándolo y encima están riéndose.

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